¿Por qué se arrugan nuestros dedos en el agua?

Una día en el mar o en la piscina, demasiados platos para fregar o ese día que no quieres salir de la ducha: todos hemos experimentado alguna vez las arrugas en los dedos al estar un cierto tiempo en un ambiente húmedo o mojado. El motivo no está demostrado, aunque la hipótesis más aceptada sugiere que es una adaptación biológica.

Piel

Aunque no lo parezca, tu piel esta impregnada constantemente con una sustancia aceitosa segregada por las glándulas sebáceas llamada sebo. Además de lubricar y proteger la piel, es hidrofóbico: el sebo evita que el agua penetre en la piel. Sin embargo, el sebo se pierde al estar en remojo y entonces la piel absorbe agua como lo haría una esponja.

El mito de la esponja

Mucha gente creía que la piel se hinchaba al absorber agua y se plegaba en forma de arrugas. Sin embargo, en la década de los 30 un hombre con un nervio dañado hizo tambalear el mito: Sus dedos pulgar, índice y corazón no tenia sensibilidad, pero sí los dedos anular y meñique. Los científicos Thomas Lewis y George Pickering descubrieron algo extraño y sorprendente estudiando el nervio dañado: los dedos insensibles no se arrugaban al mojarse, mientras que los dedos sensibles sí lo hacían. Entonces quedó claro que las arrugas no se producen por un exceso de agua en la piel; si eso fuera cierto, todos los dedos habrían presentado arrugas.

En el siglo XXI aparecieron estudios que se apoyaban en una hipótesis distinta. En 2001 descubrieron que los enfermos de Parkinson -enfermedad que afecta al sistema nervioso- presentaban menos arrugamiento que una persona sana, refozando la idea de que las arrugas son la respuesta a un estímulo externo. El hecho de que el arrugamiento esté controlado activamente por el sistema nervioso es significativo: lo lógico sería pensar que está haciendo algo útil.

La nueva hipótesis evolucionaria

Las arrugas son “una respuesta a un estímulo externo que nos proporcionó la evolución” explica Ezequiel en Proyecto Sandía. “Cuando el agua penetra las capas externas de piel, altera el balance de electrolitos y se envía un mensaje al cerebro. Éste responde obligando a los capilares subcutáneos a contraerse y evitar el flujo de sangre. De esta forma, la superficie de las capas inferiores de la piel disminuye pero no la de las capas exteriores, que tienen menos vasos y se ven obligadas a arrugarse.”


La animación muestra el funcionamiento del arrugamiento: los capilares se contraen, el volumen de la dermis disminuye y obliga a la epidermis a plegarse.

Mark Changizi publicó en 2011 un artículo que sugería que las arrugas podrían servir para mejorar el agarre de objetos mojados. El estudio sostenía que el arrugamiento no era aleatorio sino que imitaba la forma de una cordillera para drenar agua de forma eficaz. Así, las arrugas ayudarían a drenar agua de la misma forma que los surcos de un neumático.

¿Son las arrugas una mejora evolutiva?

bosque

Algunos creen que las arrugas son una herencia biológica que ayudó a nuestros ancestros a recolectar alimentos en la orilla o a correr bajo la lluvia. Sin embargo, no hay consenso entre la comunidad científica: algunos estudios -como este publicado por la Royal Society- sostienen que las arrugas mejoran el agarre de objetos mojados. Otros estudios en cambio concluyen que el arrugamiento de la piel no parece mejorar la destreza en el manejo de objetos húmedos ni la sensibilidad al tacto.

Quizá nunca lo hubieras imaginado, pero lo cierto es que algo tan familiar como las arrugas de los dedos provoca todavía hoy acalorados debates. Como este en twitter que recoje National Geographic entre el mismo Changizi y Jamie Vernon, o este otro muy interesante que critica abiertamente la metodología de Changizi.